Columna de Opinión de Rafael Sousa en Pulso: “Sobre las instituciones piñata…”

Publicado el: 22 abril, 2015
22 Abr 2015

Por Rafael Sousa Amunátegui. 

Es posible que las audiencias olviden el episodio porque ya han visto muchos otros antes. Pero difícilmente esa piñata vuelva a ser lo que fue.

El asunto de la confianza ha vuelto a la agenda política, empresarial y mediática, algo que pasa cada vez que alguna crisis de grandes dimensiones impacta este pilar de la convivencia democrática. Como las personas somos animales de costumbres, y en Chile nuestra primera reacción ante problemas sistémicos es crear leyes, las recetas que estaremos viendo para apaciguar esta crisis durante los próximos meses irán en esa dirección. Esto es necesario pero insuficiente. Necesario porque la posibilidad de endurecer nuestro marco legal no tiene por qué quedar fuera de la discusión. Pero es insuficiente porque en un mundo mediático, la confiabilidad de las instituciones en su conjunto depende de la actuación de cada institución en particular, lo que hace menos eficientes las soluciones generales.

Tal como las piñatas, a las que se les dan palos -a veces ciegamente- para vaciar las sorpresas que puedan contener, buena parte de las instituciones se han acostumbrado a una dinámica en que sus decisiones respecto de una situación de crisis dependen de la cantidad y fuerza de los golpes que reciben. En un momento se dan cuenta de que su forma ha sido desfigurada, su contenido ha sido vaciado y luego devorado por los protagonistas y espectadores del espectáculo. Dependiendo de la magnitud del daño, puede ser que con algunos arreglos la piñata recupere su funcionalidad y algo de su imagen. Es posible que las audiencias olviden el episodio porque ya han visto muchos otros. Pero difícilmente esa piñata vuelva a ser lo que fue.

Ya sea por voluntad o por resignación, muchas instituciones se someten a esta dinámica. Es lo que pasa cuando se defiende a las partes en perjuicio del todo y los intereses particulares en desmedro de los generales. La consecuencia es que, en casos de la dimensión de los que estamos viendo, las instituciones cuestionadas arrastran a las demás como si fueran un gran agujero negro, ya que el instinto natural en un clima de desconfianza es pensar que aquello de lo que se sospecha es la generalidad y no la excepción.

Lo que ha cambiado en los últimos años, es que las crisis de confiabilidad tienen consecuencias reales. En buena hora, estamos avanzando hacia una sociedad en la que quienes reciben un beneficio en términos de dinero o poder, deben demostrar permanentemente que son destinatarios legítimos de esto, es decir, deben ser y parecer eficientes para llevar a cabo las tareas que la sociedad les encomienda e íntegros para responder a los intereses de quienes han confiado en ellos.

Podremos avanzar en leyes y normas para hacer frente a la coyuntura por la que atraviesa el país, lo que es positivo, pero el capital de confianza de las instituciones será débil mientras este asunto no esté entre sus prioridades. En el mundo de hoy, la confianza es poder.

*El autor es director general de ICC Crisis, magíster en Comunicación UDP y profesor Facultad de Comunicación y Letras UDP.

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