Columna de Opinión de Rafael Sousa en Pulso: “El carácter de la Presidenta”

Publicado el: 26 julio, 2015
26 Jul 2015

Por Rafael Sousa Amunátegui. Pese al impacto del Caso Caval, probablemente la confianza de la que históricamente ha gozado Bachelet en la opinión pública no se ha esfumado.

La metáfora del “padre o madre Presidente” -cuyo mérito intelectual reconozco al lingüista estadounidense George Lakoff- es una imagen potente en un país presidencialista como el nuestro. Su buen manejo fue una de las claves comunicacionales para la altísima aprobación con que Bachelet terminó su primer mandato y es una de las dificultades que la Presidenta está enfrentando hoy.

A partir de la metáfora paterna o materna, aplicada a los últimos presidentes, podemos pensar en Lagos como un padre firme, intelectualmente riguroso y capaz de bendecir con trascendencia republicana casi todos sus dichos y obras. Bachelet I fue una madre protectora y cercana, cuya fortaleza en parte radicó en la nobleza de su historia personal y su capacidad de construir confianza desde la integridad. Ese carácter transformado en estrategia, se tradujo en una popularidad casi mítica y un último año de mandato que debe estar entre los de mayor gobernabilidad desde el regreso a la democracia.

Piñera, en su desinterés por las formas, asumió un rol de padre proveedor. Exigente y audaz, se autoimpuso una vara de resultados muy concretos que él sería capaz de alcanzar, apoyado por los mejores, para llevarnos al desarrollo. Algunos los alcanzó, pero cuando los movimientos sociales le cambiaron la vara, pareció que proveía algo que no le demandaban. Su repunte vino cuando usó su mayor activo político -un hombre de la derecha que votó No en 1988- recuperando en parte la dimensión ética que había construido tras el rescate de los mineros y enmendando su error inicial de gobernar sin reinar.

Bachelet asumió este mandato fundamentalmente como una madre justa, con un programa y un discurso basados en la equidad interpretada como justicia social. Difícil rol en una sociedad en que se ha instalado una idea de “ciudadano” entendida fundamentalmente como sujeto de derecho y en la que crecen las demandas de justicia social impulsadas por grupos convocantes y legitimados, que tienen la empatía de buena parte de la ciudadanía. Como ejemplo, más del 50% estuvo a favor de la huelga del Transantiago, más del 65% con la de estudiantes y profesores, según la última encuesta CERC-MORI.

Si lo que resta de Gobierno estará definido por el “realismo sin renuncia”, para crecer en las encuestas a lo único que Bachelet no debe renunciar es al rol de madre justa con que asumió su segundo período como mandataria. Frente al hecho de que el avance de las reformas será difícil y que, de prosperar, sus efectos se verán solo en el largo plazo, el carácter de la Presidenta vuelve a ser el principal activo con que cuenta el Gobierno y debe evidenciarlo en todas sus actuaciones.

Pese al impacto del Caso Caval, probablemente la confianza de la que históricamente ha gozado Bachelet en la opinión pública no se ha esfumado, sino que se ha reducido a un estado de latencia. Esto significa que puede crecer nuevamente, pero para eso la ciudadanía necesita volver a reconocer en sus propuestas y decisiones la figura de una madre presente, cercana y sobre todo justa.

*El autor es director general ICC Crisis, magíster comunicación UDP y profesor Facultad de Comunicación y Letras UDP.

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