Pulso: Avanzar en legitimidad empresarial, Columna de Rafael Sousa

Publicado el: 26 agosto, 2015
26 Ago 2015

Por Rafael Sousa Amunátegui. Más importante que saber si el vaso de la legitimidad política y empresarial está medio lleno o medio vacío, es tener la certeza de que las acciones que se impulsen contribuyan a llenarlo.

Las instituciones políticas viven momentos difíciles. Lo vemos todos los días y lo reflejan las últimas encuestas, que sitúan a los partidos y al Congreso como las dos instituciones menos confiables del país. Según CERC, aproximadamente 50% de las personas cree que hay altos grados de corrupción en el Gobierno y el Congreso, y un informe de Infobae muestra a Chile como el país con mayor abstención electoral del mundo en base a la segunda vuelta de 2013 (tomando en cuenta la primera vuelta, Chile estaría en torno al décimo lugar). El vaso medio lleno está dado por la amplia adhesión que genera la democracia como el mejor sistema para el país. Entonces, la discusión es cómo avanzar hacia una mayor legitimidad por la vía de profundizar la democracia.

Las empresas viven un problema similar. Ninguna institución u organización empresarial supera el 20% de confianza en las principales encuestas y junto con las instituciones políticas son las menos confiables. La encuesta Latinobarómetro 2013 ya mostraba que Chile y Paraguay son los países de Latinoamérica donde menos personas perciben la distribución de ingresos como “justa” y que Chile es el segundo país en que menos personas consideran la economía de mercado como el único sistema para ser desarrollado (43%), después de Panamá.

La palabra “empresa” se ha transformado en sinónimo de “grandes empresas”, y en la opinión pública estas se ven como un club cerrado, de elite y privilegios, demasiado poderosas y lejanas, cuyo destino parece separado del de la sociedad. Se las apunta como los grandes beneficiados del desarrollo y, a raíz de los últimos casos, como titiriteros del poder político. Preocupante, pero este vaso también está medio lleno: los chilenos muestran muchísima más confianza en las empresas que conocen o en las que trabajan y siguen creyendo en el esfuerzo y el talento como motores del éxito económico.

Es sano profundizar la discusión -en las empresas y gremios- sobre cómo avanzar en legitimidad empresarial. Así como las elecciones ya no aseguran legitimidad política, los elementos tradicionales de legitimación empresarial, como la constitución de los gobiernos corporativos, el apego a la ley y la generación de empleos siguen siendo necesarios, pero no suficientes. Si entendemos la legitimidad como un fenómeno social, se hace necesario avanzar hacia una visión de la legitimidad empresarial basada en las relaciones. Esto parte por construir nuevas redes y nuevas agendas de relacionamiento a través de las cuales las grandes empresas se integren en las bases de la sociedad de forma permanente y no coyuntural, a través de procesos de diálogo y desarrollo de proyectos conjuntos de largo alcance en que se involucren los principales líderes de las compañías. También implica un esfuerzo por simplificar el lenguaje corporativo, hacerlo accesible y de esa manera acortar la distancia que separa a las empresas de la sociedad.

Más importante que saber si el vaso de la legitimidad política y empresarial está medio lleno o medio vacío, es tener la certeza de que las acciones que se impulsen contribuyan a llenarlo.

*El autor es director general ICC Crisis, magíster en Comunicación UDP y profesor Facultad de Comunicación y Letras UDP.

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