El exiguo nivel de tratamiento no se explica sólo por la insuficiente red de prestaciones. Tiene también una profunda raigambre cultural.La salud mental ha sido un problema largamente olvidado por las políticas públicas en nuestro país, prueba de ello es que sólo un 2,13% del total del gasto público en salud se destina ya sea a prevención o tratamiento de estas enfermedades. Si bien este porcentaje ha venido al alza (en 1999 alcanzaba apenas el 1,2%), la diferencia con países como Uruguay o Canadá, que invierten el 9% y el 12% respectivamente, sigue siendo abismante.El problema no radica únicamente en los bajos niveles de inversión pública, sino también en lo acuciante que es este problema en Chile. En términos de suicidios, por ejemplo, se viene mostrando una preocupante tendencia que, si bien no nos pone en los primeros lugares en términos absolutos, sí convierte a nuestro país en el segundo de la OCDE que más ha aumentado su tasa de suicidios en los últimos 20 años. Aún más preocupante resulta la baja cobertura que tiene esta verdadera crisis de salud pública, pues del total de personas afectadas por trastornos mentales, se calcula que apenas un 20% recibe algún tipo de atención. Este exiguo nivel de tratamiento no se explica solamente por la insuficiencia de la red de prestaciones, sino que tiene también una profunda raigambre cultural. Mucha gente es escéptica respecto de la importancia de dar tratamiento a estos padecimientos, pues ve en su manifestación un signo de debilidad, pero lo cierto es que existe amplio consenso médico en que el tratamiento de estas afecciones es tan indispensable como el de una enfermedad corriente.Existen iniciativas en la materia, como el Plan Nacional de Salud Mental, lanzado en 2017, o la Ley de Salud Mental, que está siendo tramitada en el Congreso y que tiene como primera finalidad asegurar ciertos derechos básicos de los pacientes. Sin embargo, estos esfuerzos continuarán siendo insuficientes mientras sólo cuatro enfermedades mentales sean cubiertas por el Plan AUGE y dos de ellas presenten cobertura únicamente para mayores de 15 años. Existen problemas más de base, como la baja cantidad de especialistas y la dificultad que tiene el sistema público para atraerlos. Cabe consignar además que el sistema privado tampoco ofrece garantías suficientes de tratamiento, toda vez que los planes de isapres cubren en promedio menos de un tercio de las consultas en salud mental.Además del tremendo sufrimiento que el padecimiento de estas enfermedades tiene para el paciente y quienes lo rodean, los problemas de salud mental representan también un tremendo desafío en términos de productividad laboral. Hoy en día, poco más de un tercio de las licencias médicas son presentadas por este motivo. Cabe tomar con seriedad las estrategias para reducir la extensión de las jornadas laborales y mejorar las condiciones de desplazamiento, que están entre las principales causas de estrés laboral.