CONFIANZA EN LAS EMPRESAS

Una empresa consultora ha analizado en profundidad los últimos datos de la encuesta del Centro de Estudios Públicos, CEP, que da cuenta de la transversal baja de confianza de la ciudadanía en las empresas chilenas. Si bien los resultados varían levemente dependiendo del nivel de ingresos, afinidad política, sexo y actividad en el mercado laboral de los consultados, en términos generales quienes declaran poca o ninguna confianza suman 81%. Una cifra sin duda, considerablemente alta.

Hace algunas décadas, las empresas chilenas y sus emprendedores eran objeto de admiración mundial. Sus exportaciones no tradicionales, la llegada de las principales empresas chilenas a los principales países de Latinoamérica en ámbitos como el retail y el alto crecimiento del país hicieron que incluso se llegara a calificar a Chile como “jaguar”, emulando la denominación que se les dio a algunos países del sudeste asiático; también se habló del “milagro chileno”. En ambos casos el impulso provino principalmente del rol jugado por el empresariado.

Sin embargo, la caída en el crecimiento, numerosos escándalos corporativos y un marcado discurso antiempresa de un sector del país, evidentemente hicieron mella en esa apreciación, y a partir de este milenio su valoración comenzó a revertirse.

El acelerado crecimiento tuvo su primer tropieza en la crisis asiática de 1998, que puso fin a la llamada década de oro de la economía chilena. La crisis internacional del 2008 también sometió a prueba la fortaleza de nuestro sector empresarial, pero fueron las malas prácticas de importantes agentes económicos y la poco transparente relación entre empresas y mundo político lo que más ha afectado la imagen de la empresa privada ante la opinión pública.

Los escándalos corporativos que se han conocido han sido variados. El caso La Polar, los múltiples casos de colusión y otras prácticas anticompetitivas hicieron a muchos chilenos cuestionar el valor que las empresas entregaban al desarrollo del país.

Fruto de lo anterior y amparado en una fuerte postura ideológica, un sector importante del país ha enarbolado el lucro como sinónimo de abuso, haciendo de la actividad empresarial un objeto de crítica casi intrínseca.

Sin embargo, un país se desarrolla fundamentalmente gracias a sus empresas. Ello implica que es clave tener una alta valoración por la actividad empresarial, al menos en abstracto. En la capacidad -como describió el afamado economista Joseph Schumpeter- que tienen los empresarios de “destruir creativamente”. Distinta es la valoración de la clase empresarial propiamente tal la cual evidentemente está sometida al escrutinio de la ciudadanía de acuerdo con su comportamiento específico.

Es fundamental, entonces, diferenciar entre la defensa de una economía libre y la defensa de un grupo de empresarios en particular. Lamentablemente, en Chile no se ha hecho esa distinción con claridad en los últimos años y ambas han sido afectadas en su valoración. Ello no solo es un error, sino que pone un signo de interrogación sobre la capacidad de fomentar el emprendimiento futuro -y en buenas cuentas el desarrollo- en el país. Restablecer el sentido y aporte del emprendimiento y la empresa privada es parte del desafío que debe asumir el liderazgo empresarial.

 

10 de marzo de 2017, El Mercurio – análisis de ICC Crisis de la encuesta CEP