PIÑERA II Y EL RELATO

Abraham Lincoln dijo hace más de 150 años que en su país la opinión pública es todo. Hoy tiene más razón que nunca, ya que la capacidad de generar una visión compartida en la sociedad determina el margen de maniobra de los gobiernos.

Esa fue una de las principales falencias del primer mandado de Sebastián Piñera: una lectura errada de cómo las personas forman su opinión sobre los asuntos públicos. Especialmente se le criticó la supuesta falta de relato, un hilo discursivo que diera sentido a su acción.

Pero Piñera tiene un relato ahora y lo tuvo también en su primer periodo: derrotar el subdesarrollo y la pobreza, avanzar hacia una sociedad de seguridades, oportunidades, y valores como la vida, familia, libertad, igualdad de oportunidades y justicia.

Sus problemas en esta materia fueron de expectativa y efectividad. Transmitió una confianza en los resultados que podía lograr, pero la opinión pública no se formó sobre la base de ese relato, sino de su reputación personal: exitoso, ejecutivo, eficiente, trabajador. Mientras los problemas eran concretos (crecimiento, rescate de los mineros, reconstrucción), esto no le trajo grandes problemas. Pero en 2011 los estudiantes cambiaron la agenda, dieron fuerza a la idea de desigualdad y creció la perce3pción de que todos merecemos una tajada mayor del crecimiento. Frente a eso, su relato resultó inefectivo y sus atributos parecieron desacoplados de los tiempos.

Hoy, nuevamente lo que la ciudadanía espera de Piñera tiene que ver con aspiraciones personales más que con adhesión política, y le será muy difícil cumplir esas expectativas a pesar de los buenos indicadores que pueda lograr.

Más que un nuevo relato que dé sentidos a sus acciones, lo que nec3esita el futuro Presidente son acciones que den sentido a su relato y le permitan ser evaluado por algo más que por sus resultados. Una agenda para ganar legitimidad en sectores que hoy no se sienten representados por lo que él significa, como lo hizo Lagos con los empresarios o Bachelet con las Fuerzas Armadas.

Las fronteras que necesita cruzar Piñera ya no son entre elites, sino con actores de mundos como el trabajo, indígena, regional, de la diversidad sexual y estudiantes. En su aspiración de dejar un legado de unidad para el país éste es su principal desafío y, en este propósito, el propio Piñera debe ser el relato.

20 de julio de 2017, Pulso Nota sobre Segundo zoom a la confianza en las Empresas